domingo, 26 de junio de 2016

Cruzo mil pasillos...

Cruzo mil pasillos, uno tras otro, en cada uno hay mil puertas más, pero sólo puedo elegir una. Al lado de cada puerta hay una imagen, no sé qué relación tendrá con la puerta, pero tan sólo las elijo al azar, sin ninguna preferencia. He cruzado miles de pasillos, no sé qué hago en este lugar, ni siquiera sé quién soy. Pero tampoco me importa, tan sólo sé que tengo que avanzar.

Cada vez que cruzo una de estos pasillos no puedo volver a atrás, ni siquiera mirarlos, sé que no podré vivir los de nuevo, cada pasillo que cruzo, cada puerta que abro, sé que será la última vez que la cruce.

La última puerta que acabo de cruzar tenía una imagen de un barco, si un barco, desgastado y con gente con expresión de que sus sueños más profundos se destruían tras cada segundo que pasaba. Otra puerta, muestra la perdida de toda una riqueza, acumulada a través de muchas generaciones. Lo pierden todo y nada pueden hacer, tan sólo por una estúpida guerra, que al igual que todas no tienen ningún sentido suficiente como para causar tantas muertes.
He cruzado miles de puertas, infinitas, tantas que ya no puedo recordar por donde inicié, tan sólo sé que estas últimas están dando un gran impacto en mí, en comparación con las anteriores, ahora puedo sentir lo que veo en las imágenes, siento una conexión con alguna de esas personas, como si existiese un lazo entre nosotros.

En las próximas puertas veo mucho sufrimiento, rabia entre familias, sólo por cosas materiales de muy alto valor. Esto me da angustia, casi para llorar, pero no puedo detenerme a observar en forma más detenida la imagen, tan sólo sé que debo continuar, por más difícil que sea.
Siento una voz (si es que se le puede llamar así) que me dice, tú eres el cambio, tú eres la esperanza para cambiar esto, es tú destino y el destino de tú familia. No sé a qué se refiere esta voz, pero sé que es algo importante y todavía no sé si lo logre.

Los pasillos cambiaron, empiezan a mostrar imágenes de gente que es siempre la misma, hay momentos felices y momento tristes, me golpean con fuerza algunos, incluso e derramado lágrimas por ellos, todavía no sé quiénes son, sólo sé que yo los voy a ayudar, que soy su esperanza. De pronto los pasillos terminan, en forma repentina. En frente mío se alza una escalera, inminente y no logro divisar que hay al final de esta. Subo corriendo, como si mi existencia (si es que existo) dependiera de ello, sólo sé que ahí está mi misión, que ahí empieza todo y no sé si quiero empezar, sólo sé que me necesitan y eso me mueve, me mueve saber que tengo que ayudar y más aún si es mi “familia”.

He llegado finalmente al término de la escalera, hay un pasillo oscuro con una puerta al final, que brilla por lo bajo, camino tranquilamente hasta ella y esa misteriosa voz me habla de nuevo y me dice “aquí está tu destino, ahí conocerás penas y alegrías, entra y cúmplela, sabes que no hay vuelta atrás si decides atravesar la. Aunque puedes decidir quedarte aquí. Es tu elección”
Es tan sólo mi voluntad lo que me guía, nada más. Si entro no podré volver, pero prefiero ser parte de esto, tan sólo por ayudar a aquellos que me necesitan, tan sólo para lograr saber quién soy.

Abro la puerta, una luz brillante me ciega y la voz me vuelve a hablar: “cumple con tu destino”. Y me lanzo a través de ella, sin imaginarme qué es lo que me puede esperar al otro lado, pero sabiendo que algún día volveré aquí sabiendo algo más de lo que se ahora.